sábado, 11 de junio de 2016

Didáctica Magna

Didáctica Magna 
Comenio 
En el primer capítulo se señala al hombre como un ser absoluto, complejo, completo  es decir el mejor entre todas las criaturas, destacando que aquellos que tienen la misión de hombres hagan a todos ellos conscientes de esta dignidad y excelencia dirigiendo todos sus medios a conseguir este fin.
El hombre debe estar destinado a  un  fin  superior  al  de  las  demás  criaturas, y aunque  esto se halla expresado en la creación misma debido a que  Dios le inspiró un alma de Sí mismo al  propio hombre, es ahí cuanto  somos, obramos,  pensamos,  hablamos,  ideamos,  adquirimos  y poseemos  una  determinada gradación, en la que, lanzados más y más allá. El conocimiento de las cosas va apareciendo. Nuestras acciones, se desarrollan después las potencias del  alma  con  las  fuerzas  del  cuerpo. De  un  modo  experimental  lo  comprobaremos,  Si la ambición de los honores inquietase a otro, no hallará reposo aunque el universo le adore.  
Todo se desarrolla en nosotros de manera tan gradual que un antecedente despeja el camino al que sigue, de igual modo esta vida exterior es sólo preparación de la vida eterna, con el fin de que el alma prepare todo cuanto le es preciso para la otra vida; Así, pues, necesario que nuestra vida sea sólo un tránsito por aquí, puesto que estamos reservados para la eternidad. El Certísimo es, la estancia en las entrañas de la madre es preparación para la vida corporal, y no lo es menos que la vida corpórea es también preparación para otra existencia que sigue a ésta, y que ha de durar por siempre jamás.
Se dijo que el fin último del hombre consiste en la Bienaventuranza eterna con Dios, y también es fácil deducir cuáles son los fines secundarios y adecuados a esta vida transitoria; se desprende de lo que está colocado entre las criaturas visibles para que sea: I. Criatura racional (observador denominador y clasificador de todas las cosas). II. Criatura señora de las criaturas (disponer de ellas conforme a sus fines legítimos para utilizarlas en provecho propio).  III. Criatura imagen y deleite de su Criador (representar vivamente el prototipo de su perfección). Y de tal manera están estos tres miembros enlazados entre sí que no puede admitirse entre ellos separación alguna, porque en ellos se asienta la base de la vida presente y de la futura. Se saca la conclusión de que los requisitos genuinos del hombre son los que siguen: I. ERUDICIÓN (comprende el conocimiento de todas las cosas, artes y lenguas; el de buenas costumbres). 8 II. VIRTUD O COSTUMERES HONESTAS. III. RELIGIÓN O PIEDAD.
 Entendemos por NATURALEZA nuestra primera y fundamental constitución, a la que hemos de volver, en igual sentido puede interpretarse como en volvernos hacia la naturaleza y restituirnos a aquel estado de que luimos desposeídos por el público error asimismo: No es bueno el hombre, pero es creado para el bien; con el fin de que acordándose de su origen procure asemejarse a DIOS. Así, pues, es cierto que el hombre ha sido creado con aptitud para la inteligencia de las cosas, para el buen orden de las costumbres y para el amor de DIOS sobre todas las cosas y que lleva dentro de sí las raíces de los tres principios enunciados como los árboles tienen las suyas enterrada
Es un principio el hombre nace con aptitud para adquirir el conocimiento de las cosas, en primer lugar porque es imagen de Dios. Entre todas las demás cualidades de Dios, ocupa un lugar preeminente la Omnisciencia; luego necesariamente debe aparecer en el hombre alguna señal de dicha cualidad. El hombre está realmente colocado en medio de las obras de Dios, teniendo su luminoso entendimiento a la manera de un espejo esférico suspendido en lo alto que reproduce las imágenes de todas las cosas. Pero además, nuestro entendimiento se deja impresionar por las remotas, acomete las difíciles, indaga las ocultas, revela las desconocidas e intenta investigar las inescrutables; por lo tanto, es en cierto modo infinito e ilimitado.
 Pitágoras acostumbraba decir que era tan natural al hombre el saber todas las cosas, que si interrogamos con habilidad a un niño de siete años acerca de todas las cuestiones de la Filosofía podrá responder acertadamente a todas ellas; porque sola la luz de la razón es forma y regla suficiente de todas las cosas, por más que ahora, después del pecado, velada y obscurecida, no sabe desembarazarse, y quienes debían desembrollaría la envuelven más.
Estamos dotados de ciertos órganos a modo de vigilantes u observadores para que auxilien a nuestra alma racional durante su estancia en el cuerpo y son la vista, oído, olfato, gusto y tacto, y así nada habrá referente a las criaturas que se escape a su conocimiento, así cuanto el mundo encierra puede ser conocido por el hombre dotado de entendimiento y de sentido. Es inmanente en el hombre el deseo de saber, y tiene tolerancia en los trabajos y su inclinación.  Los ojos, los oídos, el tacto, buscan un objeto en que emplearse, se dirige, en todo momento al exterior, siendo igualmente intolerable para la naturaleza viva el ocio que la imposibilidad. El hombre puede llegar a investigarlo todo con el solo auxilio de la Naturaleza.
 la Naturaleza nos da las semillas de la Ciencia, honestidad y religión, pero no proporciona las mismas Cienciéstas se adquieren rogando, aprendiendo y practicando.  De  aquí  se  deduce  que  el hombre era  un  Animal disciplinable, pues no puede formarse el hombre sin someterle a disciplina.
Si  consideramos  la  ciencia  de  las  cosas,  veremos  la  que  es  propio  de  Dios  únicamente conocer todas las cosas sin principio, sin progreso, sin fin, en una simple y sola intuición, y esto no puede hallarse ni en el Hombre ni en el Ángel, No  es  poca  la  excelencia  del  Ángel  y  del  Hombre  con  haber recibido la luz de la Mente, gracias a la cual pueden apreciar las obras de Dios y reunir el tesoro de la  inteligencia.  Nos  consta  que  los  Ángeles  aprenden  con  la  contemplación 



Referencia: Juan Amós Comenio, Didáctica Magna; EDITORIAL PORRÚA,  MÉXICO, 1998
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario